La mariposita

Nov 5, 2014 | Historias | 0 Comentarios

Había una vez una hermosa mariposa que buscaba compañía en medio de la soledad de su primer día de vida. No tenía otras mariposas alrededor para interactuar y compartir experiencias. A su alrededor solo había flores variadas. Dado que el día apenas comenzaba y que el sol apenas salía, la mariposita sintió la necesidad de buscar compañía en este segundo día de vida. Buscaba alguien que la escuchara y le brindara su amistad. Ella sentía que ya tenía muchas experiencias para compartir y un sin fin de preguntas para hacer.

La mariposita decidió comenzar su búsqueda, revoloteó en medio del jardín hasta que se encontró a Margarita, una espigada flor, cuyo cabello blanco y escaso llamó su atención. La mariposita se acercó a Margarita y le preguntó:  por qué tienes tan poco cabello?

A cuya pregunta Margarita le respondió:  la nostalgia e inquietud de un enamorado me ha quitado bastantes pétalos de mi cuerpo.  (Margarita se mantiene sollozando).

Margarita no dejaba de sollozar y la mariposita no tuvo más remedio que buscar otra amiga con quien hablar.

Después de un largo recorrido, la mariposita divisó a alguien con quien podía hablar, su nombre era Rosa, tan hermosa como sus rojos pétalos.  La mariposita se acercó a la flor y le dijo: Hola hermosa flor. Pero la mariposita no pudo dialogar con ella, pues Rosa era muy vanidosa y egoísta y no paraba de repetir: Que hermosa soy! Que hermosa soy!. Parecía como si Rosa solo pudiera hablar consigo misma. Así que tristemente la mariposa partió buscando esa compañía que tanto ansiaba encontrar.

Un poco más tarde, y cansada de volar, la mariposita se quiso posar sobre doña Orquídea, cuyos pétalos, aunque envejecidos, reflejaban hermosos colores violáceos y emanaba un delicioso aroma. Sin embargo, cuando la mariposita intentó posarse en uno de los pétalos para hablar con doña Orquídea, ésta se enojó muchísimo y en medio de terribles gruñidos -dirigidos a la pobre mariposita- la echó de su lugar y le dijo: No se me acerque que me va a dañar los pétalos.

Finalmente, la mariposita vió una flor a lo lejos tan sola como ella, era una flor que desprendía reflejos lumínicos amarillos tan fuertes como el de un sol. Entonces, la mariposita se aproximó despacio, pues ya tenía temor por sus anteriores experiencias, y así, vacilando entre indecisión y deseo, la saludó: -Buenos días luminosa flor. Para su sorpresa la flor sonrió y le respondió: -Buenos días Mariposita, cómo estás?- Bien, un poco cansada de tanto volar. Me puedo posar sobre tí un momento? -Claro que si. Y despacito la mariposa se posó sobre ella. – Ahhh, muchas gracias.

Entonces, entablaron una bella conversación; la mariposita se enteró que el nombre de la flor era Girasol, que había florecido hacía unos pocos días y que amaba ver el sol cada mañana. La mariposita le contó sobre las bellas montañas que había atravesado el día anterior y los bellos animales que se había encontrado; y así entre conversaciones la mariposita se olvidó de las otras flores y de la triste experiencia que había tenido con ellas.